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DESAFÍOS DE
LA DEMOCRACIA EN AMÉRICA LATINA
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POR LILIA SOLANO
La tendencia es
que vamos hacia la conformación de un
cuerpo continental que no es pro-norteamericano,
la construcción de un bloque geopolítico
propio que sea respetado en el concierto mundial
y aporte al nacimiento de un mundo multi-polar.
Sin duda la afirmación que han hecho
en diferentes lugares del mundo, de que América
Latina y el Caribe son el continente de la esperanza,
refleja esta realidad.
América Latina está gestando nuevos
niveles estratégicos de integración
que nos vuelven un continente apto para el nuevo
tiempo y el mundo pluripolar que necesitamos
construir.
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El siguiente escrito busca presentar
siete desafíos para la democracia en América
Latina en estos momentos de la historia.
Escribo desde dos puntos de partida: por una parte,
cuando me refiero a 'democracia' lo hago desde la
orilla de los movimientos políticos y sociales
que siguen asumiendo las banderas históricamente
asociadas con la izquierda. Esta aclaración
sigue siendo vigente por cuanto el telón de
fondo de la lucha por la democracia en el continente
lo constituye la tecnoburocracia que sigue empujando
la agenda favorable a los grandes capitales y que
consiste en borrar del mapa social todo concepto y
asomo concreto de bien común.
Mi segundo punto de partida lo constituye la realidad
de Colombia, que es atípica en relación
con el resto del continente. El resto de América
Latina ha entrado en un proceso de transformaciones
políticas que, con distinto tono, se distancian
de los proyectos neoliberales y retoman un camino
propio. A diferencia de lo que sucede en la región,
Colombia representa el continuismo neoliberal a la
par que se desempeña como el sirviente de la
política estadounidense en América Latina.
Quisiera, por lo tanto, empezar con una digresión
en torno a la realidad colombiana en el actual contexto
latinoamericano.
La dinámica política en Colombia, está
caracterizada por una situación de polarización
con el potencial suficiente para transformar la estructura
de poder dominante desde la izquierda o para recomponer
una estructura aún más autoritaria desde
la ultra derecha. Estamos frente a una coyuntura definitiva
que nos sitúa ante posibilidades históricas
para la construcción de una alternativa conjunta
que integre la diversidad del movimiento popular frente
al saqueo del capitalismo neoliberal y como respuesta
a la condición actual de estado al servicio
de los intereses estadounidenses. La posibilidad de
lograr en el mediano plazo un cambio democrático
y desde abajo pasa por la construcción de un
frente de lucha que permita superar la fragmentación
en la que ahora nos encontramos y que a menudo responde
más a desconfianzas y disputas entre liderazgos
personales que a diferencias sustanciales de proyecto.
Estamos ante un momento histórico por sus posibilidades
y responsabilidad para la izquierda. La izquierda,
desde las bases populares tiene ante si, el reto de
fortalecer su organicidad por encima de liderazgos
patriarcales. Este desafió asume la superación
de las diferencias de estrategia, con el fin de que
tal diversidad se aglutine en torno a los rasgos centrales
que constituyen su programa básico: la izquierda
es antineoliberal -incluso algunas organizaciones
se declaran abiertamente anticapitalistas-, promueve
la democracia entendida como decisión colectiva
y no sólo electoral, defiende la redistribución
de la riqueza, la defensa integral de los derechos
humanos y aspira a romper con la dependencia en sus
distintas formas.
Son básicamente dos las grandes lecciones para
la izquierda en Colombia que surgen desde la experiencia
reciente en América Latina. En primer lugar
se debe definir el problema no solo como la visualización
de un proyecto alternativo desde la izquierda sino
también como el robustecimiento organizativo
que logre trascender las dificultades propias de la
pluralidad. El momento actual de otros países
latinoamericanos evidencia que, a pesar de sus dificultades,
la izquierda avanza en la construcción de alternativas
organizativas.
Una segunda lección apunta al desafió
de la legalidad en sí misma para dar paso a
un cambio. La diversidad democrática ha de
regirse por acuerdos que conciten las voluntades de
las mayorías por cuanto surgen de grandes consensos
pluralistas. La institucionalidad que de allí
emana debe garantizar la división e independencia
de poderes, un diseño que debe estar en la
base misma de todo propósito democrático.
Una atención prioritaria a los asuntos tocantes
a la producción, distribución, goce
y acumulación de la riqueza que se ajuste a
los derechos fundamentales y acorde con sus grandes
propósitos de equidad y justicia debe estar
en la base de las transformaciones. Si se debilitan
los propósitos democráticos, no le queda
a la izquierda otra opción que la de negociar
arreglos políticos y económicos con
sectores mercado centristas, con el resultado de que
el proyecto de cambio pierde de antemano su horizonte.
La situación atípica de Colombia permite,
entonces, ilustrar los desafíos para la democracia
tal como luce el panorama visto desde los movimientos
sociales y políticos en el continente. Desde
esta lente, paso a considerar los desafíos
que considero prioritarios.
DESAFIOS PARA LA DEMOCRACIA
EL PESO APLASTANTE DE LA INJERENCIA DE ESTADOS UNIDOS
EN AMERICA LATINA
La política de guerra de Estados Unidos y sus
aliados siguen sembrando de miedo y muerte el globo.
El unílateralismo estadounidense se enfrenta
abiertamente a proyectos progresistas en toda América
Latina en una estrategia de guerra en la que cumplen
un papel fundamental las empresas transnacionales
y medios de comunicación como CNN.
La voracidad imperial ya no se escuda tras eufemismos
inútiles. Estados Unidos pretende desarrollar
un control hegemónico e impedir la autonomía
de los países en América Latina. En
países como Colombia, Washington cuenta con
gobiernos como el del presidente Uribe, que agencia
el incremento de la presencia militar en hechos tan
vergonzantes como el ocurrido en días pasados
cuando el mismo embajador norteamericano en Colombia,
anuncio la apertura de una nueva base militar en la
frontera con Venezuela para continuar en la tarea
de desestabilizar el hermano país.
Desde muy temprano, desde el año 1964, Estados
Unidos empezó a utilizar a Colombia como escenario
de nuevas modalidades de guerra en las que los civiles
empezaron a convertirse en objetivos militares. En
ese año, Estados Unidos donó trescientos
millones de dólares y envió asesores
militares y armamento para acabar con la resistencia
campesina que no aceptaba el exterminio que el establecimiento
había decretado. En ese mismo año se
propuso la organización de los grupos paramilitares
bajo el remoquete de 'desarrollo de la estrategia
de armar civiles'. En 1999, Estados Unidos aporto
mil seiscientos millones de dólares, armamento
y asesores militares en el contexto del llamado 'Plan
Colombia' que aún se mantiene y que hasta el
2006, ha enviado mas de cuatro mil millones de dólares
para contribuir con su aporte a la limpieza sociopolítica,
estrategia que hoy en día se mantiene en completo
apoyo al gobierno de Uribe. Es importante recalcar
que esta estrategia facilita la continuidad del proyecto
Uribe Vélez, a pesar de sus estrechos vínculos
con narcotraficantes y paramilitares. Como una de
las contrapartidas, el establecimiento colombiano
adecua las leyes para que se ajusten a los intereses
de las empresas norteamericanas que aprovechan para
hacer una explotación voraz de las riquezas
nuestras.
La presencia de Estados Unidos en la región
se vehiculiza ahora a través de regimenes cercanos
a sus afectos, como el colombiano. No es de sorprender,
por lo tanto, que Colombia se esté conviertoendo
en el factor de desestabilización regional.
Marchando a contravía de casi toda la región,
el régimen de Álvaro Uribe busca desactivar
la lucha democrática desde las nuevas orillas
que la izquierda latinoamericana está afianzando.
Pero el gobierno norteamericano no solo acude a sus
aliados estratégicos como Colombia, Perú
y México sino que también trata de desestabilizar
procesos que adelantan los gobiernos de Venezuela,
Bolivia, Ecuador y Nicaragua; el imperio en su ansiedad
hegemónica no duda en echar mano del asesinato
y el derramamiento de sangre para impedir la lucha
por la autonomía en nuestros países.
CRECIMIENTO DE POSTURAS DE EXTREMA DERECHA EN LAS
ELITES QUE HABIAN MANTENIDO EL PODER
EL pulso entre las antiguas elites y el resto del
pueblo sigue siendo desigual, porque se usa todavía
el poder político y económico para afirmar
las pretensiones exclusivistas. En países como
Colombia el Estado desarrolla la estrategia paramilitar
y continúa usando el apoyo norteamericano y
las fuerzas armadas para asesinar, desplazar, torturar
y desaparecer a los opositores políticos y
a los lideres sociales. Bajo ese telón de fondo,
los terribles adversarios del proceso latinoamericano
-que no juegan, ni descansan- han entendido mucho
mejor que las izquierdas tradicionales lo que está
en juego. Los voceros del régimen no gastan
el tiempo caracterizando cada proceso desde ópticas
antiguas, sino que a todos los fenómenos emergentes,
gubernamentales y sociales que aparecen en la escena
continental se les envuelve en un solo saco de epítetos
'conceptuales': neo-populismo radical o populismo
izquierdista.
La derechización de las elites propicia una
derechización del discurso que se filtra hasta
los niveles populares y tiene eco especialmente en
las clase media que tradicionalmente es atraída
por la derecha y que se opone a posturas políticas
radicales que terminen igualando sus condiciones a
la situación de los sectores sociales inferiores
en la escala económica tradicional. De esta
manera se consigue desvirtuar un proceso de democracia
real como el que la actual izquierda latinoamericana
esta propiciando. En un revés cruel del imaginario
conceptual, los formadores de opinión de la
extrema derecha busca calificar como 'amenaza regional
a la democracia' lo que contraviene a sus intereses
y status quo. Bajo este calificativo caen todos los
procesos que vivimos, desde Nicaragua y Cuba hasta
Argentina, pasando por Venezuela, Brasil, Bolivia
y Ecuador, Uruguay y Paraguay. Se trata de impedir
el avance de fuerzas sociales y políticas de
izquierda que han conquistado el gobierno en 13 países
de Amerita Latina y el Caribe.
Dado que a las amenazas hay que salirles al paso,
un emergente bloque gubernamental de nuevo tipo, es
una amenaza que pretenden detener. En consecuencia,
estamos presenciando su antípoda, la más
reciente modalidad de desestabilización regional
que esta siendo organizada por las elites separatistas
de Bolivia, Venezuela y Ecuador. Así, entonces,
a una democracia que asume estatura continental se
le presenta el desafio de la desarticulación
de las unidades nacionales, que son las vías
recientes de las elites en su afán de perpetuarse
en el poder.
FORTALECER LA POLITIZACION DEL MOVIMIENTOS SOCIALES
Y POPULARES
La democracia pierde vigencia cuando a sus actores
o se les desconoce su estatus político o estos
no lo asumen. Junto con el embate neoliberal vino
un desprestigio de la función política.
La administración de lo público y la
defensa del bien común paso a ser asuntos de
la tecnoburocracia. Se instaló en el imaginario
general la falacia de que la iniciativa privada con
su tufo empresarial era infinitamente mas eficaz que
el oficio político. Si bien sigue siendo necesario
que una rendición pública de cuentas
levante los cuestionamientos éticos que siempre
han de acompañar a la función pública,
no se debe deducir de ahí que a la agenda política
se le tenga que extender una partida de defunción.
La identidad política de los actores sociales
sigue siendo de valor crítico para la dinamización
de la democracia.
Resulta, por lo tanto, fundamental rescatar los aportes
de las distintas organizaciones, reconstruir una memoria
de las luchas y lograr un recuento de las experiencias
que nos permitan apropiarnos de los aprendizajes de
la izquierda. Estamos también ante la necesidad
de sacar a la luz y reconocer como parte de la izquierda
a esas organizaciones que tanto en el medio urbano
como en el mundo indígena y rural tienen experiencias
políticas concretas que aportar y que, sin
embargo, son invisibilizadas por el poder dominante
y por la propia izquierda, que o bien no sabe de su
existencia o bien les niega su identidad propia.
La propia izquierda tiene que asumir ella misma sus
nuevas dimensiones a partir de sus propios parámetros
y necesidades y no desde los que definen los medios
de comunicación o las estrategias mediáticas
de las organizaciones más grandes para reconocer
su potencial de fuerza real. En la correlación
de fuerzas en que nos encontramos es un hecho que
o bien las posibilidades son para todos o no son para
nadie.
Se cumplió un primer ciclo organizativo y es
necesario pasar a un segundo momento. No se puede
continuar apelando a la espontaneidad organizativa
de los sujetos. En el caso de otras experiencias latinoamericanas,
encontramos una experiencia militante y organizativa
previa que permite, ante estos llamados, conformar
confederaciones, por ejemplo. A modo de ilustración,
el caso de México muestra que se necesita que
todos aquellos que no encuentran un espacio de participación
lo encuentren en una organización.
En este momento al parecer la izquierda popular tocó
techo en la demostración de su capacidad movilizadora.
Aún asumiendo que estamos ante un proceso en
el que se han logrado importantes avances, tenemos
que reconocer que hay un tope de crecimiento en la
convocatoria y capacidad organizativa de los movimientos.
Es necesario ingresar a un segundo momento de articulación
de las organizaciones que las integre en términos
de construcción de un contrapoder. Esta es
la responsabilidad de las organizaciones con madurez
y que cuentan con proyección nacional.
PROFUNDIZAR LOS PROCESOS DE INTEGRACION LATINOAMERICANA
Hay diferentes y variados espacios que evidencian
este nuevo tiempo de América Latina, por primera
vez en siglos tenemos un medio de comunicación
regional sudamericano, Telesur, que con todo y sus
límites, no es solo venezolano sino nuestro
y con una divisa que suena también muy nuestra:'Nuestro
norte es el sur.' Está creándose Radiosur,
que ojala pueda enlazar las radios progresistas de
Sudamérica entre otras iniciativas en el campo
de las comunicaciones. En el tema petrolero, se cuenta
ya con Petrosur, Petro-Caribe y se trabaja para crear
el 'Anillo Energético Regional' a fin de preservar
para los próximos 100 años los recursos
del tercer milenio. Ha nacido una estructura política
de integración diferente a la OEA: la Unión
Sudamericana de Naciones, UNASUR, y se han presentado
propuestas atrevidas como la de ir hacia una cédula
de identidad única, sudamericana, para superar
barreras migratorias y exclusiones del pasado. Pero
además se fortalecen diversos espacios de integración
como MERCOSUR, Comunidad Andina, CARICOM, ALBA-TCP
y UNASUR, esta integración refleja la realidad
de nuestra región y se convierte en una desafiante
alternativa a la globalización neoliberal.
La tendencia es que vamos a la conformación
de un cuerpo continental que no es pro-norteamericano,
la construcción de un bloque geopolítico
propio que sea respetado en el concierto mundial y
aporte al nacimiento de un mundo multi-polar. Sin
duda la afirmación que han hecho en diferentes
lugares del mundo, de que América Latina y
el Caribe son el continente de la esperanza, refleja
esta realidad.
Ahora es fundamental que avance el proceso hacia un
modelo post-neoliberal que siente las condiciones
del socialismo del siglo XXI, porque corremos el peligro
de que retorne el conservadurismo de ultra derecha
e incluso el fascismo. El proceso está avanzando
porque nuestros pueblos están maduros para
la integración. Hoy avanza uno de los más
estratégicos espacios de integración:
el Banco del Sur que permita superar el fracaso de
las recetas del FMI, Banco Mundial y el BID. Es la
primera vez que tendremos un banco propio que ojala
pueda rescatar nuestros capitales de las manos del
imperio.
El avance de UNASUR propone, además, trabajar
en la emisión de una moneda regional única
y fuerte, lo cual no había ocurrido nunca antes
en el continente.
Avanza la integración latinoamericana en medio
de enormes desafíos y cada vez es más
evidente el fracaso del proyecto del ALCA, o la que
Europa y Canadá buscan hoy exclusivamente con
el 'libre comercio'. Latinoamérica debe aprovechar
esta oportunidad única si quiere sobrevivir
y garantizar la paz, la justicia social y la estabilidad
democrática, de lo contrario no sobrevive,
y para unirse necesita respuestas justas y equilibradas
a sus asimetrías entre países. No es
lo mismo unir la economía boliviana con la
brasileña, antes Brasil tendría que
hacer ajustes para evitar asimetrías. Es factible
ponernos de acuerdo entre nosotros antes que con Europa
y el imperio, pero es importante que hagamos acuerdos
entre nosotros.
Y, finalmente, debemos empezar a fundamentar las bases
de la sociedad post-neoliberal en América Latina
y construir la agenda del Socialismo del Siglo XXI
autóctono, que se ajuste a las realidades de
los países. Estas son tareas que marcarán
el camino más progresista de la integración,
porque de lo contrario será solo comercial,
económica, estatal; y tenemos que trabajar
también para que sea social, política
y cultural.
Es necesario también apoyar el mundo árabe,
Irak, Palestina y los movimientos alternativos y de
nueva izquierda de Europa y Estados Unidos.
América Latina está gestando nuevos
niveles estratégicos de integración
que nos vuelven un continente apto para el nuevo tiempo
y el mundo pluripolar que necesitamos construir.
Esos nuevos ejes para desarrollar el panorama real
de integración y las bases del Socialismo del
Siglo XXI en Latinoamérica, son tratados aún
muy frágilmente por los gobiernos, y menos
todavía por la mayoría de los movimientos
sociales del continente.
Se hace imprescindible rediseñar regional,
continental y mundialmente, desde los gobiernos de
nuevo tipo y con el apoyo de los movimientos sociales
y políticos, estas estrategias de integración.
ESTRATEGIA MILITAR PROPIA
Avanzar en esta tesis que fue ampliamente discutida
en Colombia por sectores sociales, para que conjuntamente,
decidamos prohibir en toda la región la implantación
de bases militares extranjeras y el emplazamiento
de armas nucleares de cualquier potencia. Esa iniciativa,
crucial para el futuro de Latinoamérica tiene
que ser prioritaria. Por eso es un deber mirar y apoyar,
en una dimensión continental y latinoamericanista
la decisión ecuatoriana de no renovar el convenio
que permitió imponer la base militar estadounidense
en Ecuador.
Es de público conocimientos que Colombia y
Perú aceptan el traslado de las bases, cuando
Estados Unidos salga de Manta en Ecuador.
Ningún gobierno debe aceptar la presencia temporal
de tropas extranjeras ni tampoco 'operaciones militares
conjuntas' o acciones como el ataque militar por parte
del gobierno colombiano en territorio ecuatoriano,
comandado por Estados Unidos.
También es necesario consolidar una Industria
Militar propia. Las potencialidades que en ese campo,
tienen países como Brasil, Venezuela, Argentina
y Cuba, por citar solo algunos, permiten avizorar
que ello es no solo necesario ante una alianza transatlántica
que se ha demostrado brutal y despiadada ante el Sur,
sino que es algo inaplazable.
AGENDA MEDIO AMBIENTAL A TONO CON LAS PREOCUPACIONES
GLOBALES
El deterioro del medio ambiente y el cambio climático
no pueden ser solamente la agenda de los países
que precisamente explotan sin límite los recursos
naturales. En este aspecto, hace falta, como nunca
antes, un espacio de encuentro parecido a la Conferencia
de Bandung, para trazar una estrategia con aportes
específicos desde América Latina para
afrontar el desafío y la amenaza más
grave que atraviesa la Tierra.
Por ello una propuesta relevante que han formulado
a los gobiernos de Ecuador y Bolivia, para que a su
vez ambos países lo propongan es el lanzamiento
mundial de un Encuentro por la Tierra, que reúna
a delegaciones de los movimientos sociales y gobiernos
de los cinco continentes, con el Sur como eje, para
elaborar una propuesta Andino-Amazónica, que
halle alternativas urgentes y viables al Calentamiento
Global. Estamos llamados a tomar medidas drásticas
porque lo que esta es juego es todo.
UN NUEVO MODELO ECONOMICO, PARA HACER POSIBLE LA
VIDA
Un nuevo modelo económico que supere la grave
situación generada por el neoliberalismo que
ha dejado a la mayoría de la población
en la marginalidad, sin acceso a la educación,
salud, servicios públicos, que ha privatizado
los recursos naturales, arrebatándole la soberanía
a nuestros pueblos.
La emancipación frente al modelo económico
que fue impuesto y sustentado al costo de deshumanizar
las relaciones humanas y la relación con la
naturaleza, ha desembocado en la urgencia de pensar
un modelo económico propio no con rostro humano
sino verdaderamente humano, que pueda ir en pos de
un desarrollo pleno y no en pos de los intereses del
gran capital. El giro político de América
Latina, se da en la urgente necesidad que tiene de
liberación, frente a la opresión generada
por el modelo neoliberal que impuso unas cadenas que
aplastaron la dignidad y la vida del pueblo en su
conjunto y esta emancipación no tendrá
tregua hasta que podamos parir las alternativas.
'Vivimos no solamente una época de cambios,
sino un cambio de época', insiste en afirmar
Rafael Correa desde su posesión como Presidente
del Ecuador. América Latina tiene la oportunidad
en sus manos, por vez primera quizás, de convertirse
en el continente donde el cambio de época,
hecho desde nuestras angustias y posibilidades le
presente a la humanidad ese otro mundo posible, una
nueva oportunidad de salvar la vida. Desde Colombia
tengo que terminar diciendo que no podemos quedarnos
aislados tratando de impedir que el baño de
sangre continúe en esta hermosísima
tierra, se hace urgente una salida negociada al conflicto
no solo armado sino también social, porque
como dijo un sabio de la antigüedad: 'en nuestra
paz, tendréis vosotros paz'
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